THE ECONOMIST
Este año, más de 3.100 millones de personas en el mundo trabajan. Es la mayor cifra de la historia, pero igual existe, en todo el planeta, una sensación de crisis respecto de los empleos.
Eso no obedece solo a que globalmente hay 205 millones de personas -muchas más que hace unos pocos años atrás- que ahora están oficialmente desempleadas o debido a que los jóvenes han sido duramente golpeados. También obedece a que la calidad de los empleos disponibles, con frecuencia, parece ir en declinación, especialmente los empleos administrativos en los países ricos.
El último Índice Gallup de Subempleo se sitúa en 19% de la fuerza laboral global. Se compone de desempleados (7%) y de quienes tienen trabajos parciales pero les gustaría laborar más (12%). De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo en 2009, unas 1.530 millones de personas, alrededor de la mitad de la fuerza laboral global, estaban en "empleo vulnerable", ya fuera trabajando por su cuenta o en trabajos familiares con malos salarios.
Hasta la crisis financiera global de 2008, se creía que el mundo estaba disfrutando de un período de "Gran Moderación". El ciclo de negocios que anteriormente había provocado impulsos de alto desempleo parecía abolido por una combinación de directivos de bancos centrales sabios e independientes, gobiernos de los países ricos con prudencia fiscal y mercados laborales con creciente flexibilidad.
Pero los gobiernos del Grupo de los 20 (G20) tuvieron que administrar un estímulo fiscal y monetario enorme y coordinado para prevenir que la Gran Moderación no se convirtiera en la Gran Depresión. Sin embargo, el desempleo no retornó a sus puntos bajos anteriores a la crisis y pocos gobiernos tienen más capacidad para nuevos estímulos.
En muchos países, el desempleo de largo plazo se ha disparado tanto en términos absolutos como en proporción de la desocupación total. En Estados Unidos, el desempleo de largo plazo representa el 30% del total, en tanto en 2007 fue el 10%, dejando consternados a los expertos que creían que los famosos mercados laborales flexibles protegerían a ese país de los "niveles europeos" de desempleo de largo plazo.
Los jóvenes han sido las mayores víctimas de la crisis. En 2007, la tasa de desempleo entre los jóvenes en los países de la OCDE fue de 14,2%, en comparación con 4,9% para los trabajadores de más edad. En el primer trimestre de este año, las tasas fueron de 19,7% y 7,3%, respectivamente.
A algunos países les fue peor que a otros: en España, el desempleo entre los jóvenes se disparó de 17,6% a un vertiginoso 44% durante el mismo período. Gran parte de la explicación es que los contratos flexibles, que facilitan el despido, fueron introducidos para las nuevas incorporaciones al mercado laboral, pero no para las personas que ya estaban trabajando. Por tanto, cuando las empresas tienen que hacer recortes, el hacha cayó de manera desproporcionada sobre los trabajadores jóvenes y flexibles.
Quizás el más alarmante crecimiento es el del número de jóvenes en la OCDE que no estudian, no trabajan ni están en adiestramiento, que llegó a 16.7 millones, equivalente al 12,5% de todos los que tienen entre 15 y 24 años.
Un motivo por el que los jóvenes han sufrido de manera desproporcionada, es que las personas de más edad han estado menos inclinadas a dejar la fuerza laboral que en caídas económicas anteriores, cuando se ofrecían los jugosos paquetes de retiro. Esos ofrecimientos se han hecho infrecuentes y a medida que se extiende la legislación para prevenir la discriminación sobre la base de la edad, más personas trabajan por más tiempo.
En algunos países, la política aplicada por el gobierno ha hecho la gran diferencia. Por ejemplo, Alemania fue capaz de frenar la tendencia a la falta de trabajo y al desempleo juvenil, gracias a medidas que incluyeron un subsidio del gobierno.
En Estados Unidos, la decisión del presidente Barack Obama de extender los beneficios por desempleo de 26 a 99 semanas, puede haber contribuido un poco al incremento de la desocupación de largo plazo (agregó medio punto porcentual a la tasa, de acuerdo con datos de la Reserva Federal de San Francisco), aunque también enlenteció el crecimiento de la pobreza.
Las tendencias sociales de más largo plazo también pueden haber jugado un papel, señala James Manyika, del Instituto Global McKinsey. Cita la gran renuencia de los estadounidenses a mudarse para encontrar empleo, lo que puede obedecer, en parte, al creciente número de parejas en que ambos tienen una carrera.
Los subsidios por desempleo son más difíciles de obtener en muchos países, lo que ha hecho aumentar el número de personas que reclaman beneficios por incapacidad. En 2010, representaron el 5,9% de la fuerza laboral en Estados Unidos, 6,2% en Gran Bretaña y más del 10% en Noruega. En 1980, las cifras eran de 3,6%, 2,2% y 6,5%, respectivamente.
Esos son problemas serios. Los jóvenes que carecen de empleo por largos períodos al comienzo de sus carreras, pueden quedar marcados de manera permanente por esa experiencia y quizás nunca vuelvan a encaminarse. Cuanto más tiempo está sin empleo una persona de cualquier edad, tiene menos probabilidades de encontrar otro trabajo. "Una vez que una persona tiene el subsidio por incapacidad, ese es el final", señala Robert Reich, economista de la Universidad de Berkeley, quien se desempeñó como Ministro de Trabajo en el gobierno de Bill Clinton.
CAMBIO. Muchas de las tendencias del mercado laboral que ahora afectan a los países ricos ya eran notorias antes de la crisis financiera, aunque la burbuja que la precedió, ayudó a ocultarlas y la recesión consiguiente las aceleró. "Le han dado a los empresarios la excusa para hacer lo que quieren, aunque antes de la crisis se resistían a hacerlo", indica Reich.
"Muchos esperábamos que los empleos fueran desplazados por la tecnología hace pocos años y quedamos sorprendidos de que no ocurriera más rápido. Los empresarios no querían tener una reputación de despedir cuando el mercado laboral estaba estrecho", considera Reich.
Las empresas dependen más de trabajadores de tiempo parcial, contratados o temporarios, que son más flexibles. En Estados Unidos, en 2010, el número de trabajadores de tiempo parcial alcanzó un nuevo pico de 19,7% del total de empleados. De acuerdo con un relevamiento reciente de empresas estadounidenses realizado por el Instituto Global McKinsey, durante los próximos cinco años, el 58% espera usar más empleados de tiempo parcial, temporarios o con contrato a término y el 22% espera tercerizar más empleos.
Ha habido creciente demanda por personal temporario provisto por empresas de servicios de empleo como Manpower, en tanto la tercerización dentro y fuera del país, ha seguido creciendo, pese a los informes de que algunos empleos son repatriados.
El Derecho es la última actividad que encuentra su camino desde Estados Unidos hacia Europa y Asia. Llevar el trabajo a trabajadores que están geográficamente distantes es cada vez más fácil, debido a servicios de mercado online como oDesk y freelancer.com y servicios como Mom Corps para mujeres profesionales. Mechanical Turk, que es propiedad de Amazon, permite a personas con menos minutos disponibles, trabajar en "microtareas" como son la transcripción de podcasts, entre otras.
"Estas tendencias no afectan necesariamente el número de empleos, pero se reflejan en la calidad y seguridad de los mismos, así como en los montos que ganan las personas y los beneficios que obtienen", apunta Reich.
A su vez, el economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), David Autor, llama a esto el vaciado de los empleos de nivel medio, lo que resulta en la bipolarización del mercado laboral, entre buenos empleos y los básicos en Estados Unidos y otros países ricos.
Existe una fuerte correlación entre buena educación, ingresos más altos y un riesgo bajo (aunque no mínimo) de quedar desempleado. En Estados Unidos, la tasa de desempleo entre los egresados de universidades creció de menos del 2% en 2007 a casi 5% en 2010, pero en los casos de los que no egresaron, saltó del 5% a más del 11%.
DINÁMICA. Aún antes de la crisis, Estados Unidos ya estaba en camino de su peor década en medio siglo, en cuanto a la creación de empleo, indica Mayika del Instituto Global McKinsey. Ese instituto ve tres tipos principales de trabajo: de transformación (típicamente involucra actividad física, como es el caso de la construcción), transaccional (son los empleos de rutina en call centers o bancos, con frecuencia todavía realizados por personas, aunque pueden ser automatizados) y de interacción (trabajos dependientes del conocimiento, la pericia y la colaboración con otros, como son la banca de inversión o las consultorías de gerenciamiento).
El trabajo de transformación ha estado en declinación desde hace mucho tiempo en la mayoría de los países ricos y se dirige a los mercados emergentes, especialmente al de China, aunque ahora los salarios en las fábricas chinas se despegaron.
Ahora, una ola de arbitraje laboral y la sustitución de humanos por la tecnología comienza a avanzar a lo largo de los trabajos de transacción, eliminando muchos empleos administrativos en los países ricos. Manyika sostiene que el trabajo de interacción no seguirá ese camino, debido a que es difícil de hacerlo estándar. En ese tipo de trabajo, la tecnología tiende a realzar la capacidad humana, creando con frecuencia un mercado en el que los mejores predominan y reciben salarios que son desproporcionadamente buenos.
El trabajo de transformación y transacción sufre de competencia feroz, escasas ganancias y bajos salarios, mientras las mejores empresas de trabajo de interacción y de conocimiento continúan logrando amplios márgenes.
ESCASEZ. En las dos décadas hasta la crisis financiera global, en la mayoría de los países de OCDE, el ingreso en el 10% de los hogares más ricos creció más rápido que en el 10% más pobre, por lo que se amplió la desigualdad. En 2008, en la totalidad de la OCDE, el ingreso promedio del 10% más rico fue casi nueve veces superior al del 10% más pobre.
Globalmente, al haber salido de la pobreza muchas personas, se redujo la desigualdad de ingresos, aunque muchos en la economía informal y en el trabajo ilegal no se beneficiaron. Pero, dentro de la mayoría de los países, la desigualdad, medida por el Coeficiente de Gini,-medida de la desigualdad creada por el estadístico italiano Corrado Gini- ha crecido en décadas recientes. Muchos países ricos también ven una declinación en la movilidad social, lo que sugiere mayor desigualdad de oportunidades, así como de ingresos.
En la mayoría de los países, la desigualdad parece destinada a seguir creciendo. Aún en estos tiempos de dificultades económicas, el talento está en escasa oferta y las principales empresas del mundo compiten ferozmente por el mismo.
En Estados Unidos, las vacantes no llenadas aumentaron en los últimos dos años pese al alto desempleo que hay en el país (9,1%). De acuerdo con el más reciente relevamiento anual que realiza la empresa Manpower, el 34% de los empleadores en el mundo dice que tiene problemas para llenar los empleos, debido a que hay dificultades para encontrar personal especializado.
Las cifras
12,5% Es el porcentaje de jóvenes de los países de la OCDE que no estudia ni trabaja; equivale a 16,7 millones de personas.
19% Es el porcentaje que maneja el último Índice Gallup de Subempleo global: 7% está desempleado y el 12% tiene trabajo parcial.
Los datos país por país
América Latina
En Argentina la tasa de desempleo es de 7,4%; en Brasil, 6,4%; en Uruguay, 5,5%; en Chile y Ecuador, 7%; en Bolivia, 6,5; en Paraguay, 6,1; en Venezuela, 8,8; y en Colombia, que es la más alta de la región, la cifra llega al 10,8%. En Cuba en tanto, donde el trabajo de privados es muy limitado, la desocupación es de apenas un 2% (el salario medio en la isla es de 19 dólares mensuales, el menor de toda la región). En México, el 5,10% no tiene trabajo.
América del norte
Estados Unidos tiene una tasa de desempleo de 9,1%, la cifra es lo que causa mayor desaprobación en el gobierno del presidente Barack Obama, que sí gana adeptos por su papel en la lucha contra el terrorismo y los planes sociales. En tanto, en Canadá, la desocupación es de un 7,7%.
Europa
En el viejo continente la cifra récord es de España, que tiene una tasa de desempleo de 21,29% y que sobrepasa el 40% entre jóvenes menores de 24 años. En Grecia, una de las economías más perjudicadas por la crisis, la desocupación es de 16,2%; y en Portugal, otro de los grandes afectados, es de 10,7%. En Italia, es del 8,1%; en Reino Unido, 7,7%; en Alemania, 7,9%; en Suiza, apenas 3,4; en Suecia, 8,3%. En tanto en Rusia, que ocupa todo el norte de Asia y alrededor de 40% de Europa -siendo un país transcontinental y el más grande del mundo-, el desempleo llega al 7,6%.
Asia
Israel, la única democracia de Oriente Próximo, tiene una desocupación de 6%. En Irán, hay un 14,6% de desempleados; en Irak, 18%; en Afganistán, 40%, y en India, 10,8%. En tanto, en Asia Oriental, China tiene 4,3% de desempleados, según los últimos datos de 2009, y Japón, 4,7%.
África
Egipto tiene 11,9% de desocupados; Túnez, 14%, y Libia, 13%, según datos de 2005.

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